
Me ha encantado el libro “Las mujeres que bordaron su libertad”, de la historiadora y escritora panameña Thatiana Pretelt. Me han entrado unas ganas enormes de conocer a la autora y dialogar con ella sobre #Resistencias de mujeres.
Se trata de una obra de divulgación e investigación histórica que rescata el papel de las mujeres afrodescendientes y esclavizadas durante el periodo colonial en Panamá, así como el desbarajuste social que la colonización y el racismo provocan, algo común a cualquier proceso colonial o de exaltación de la desigualdad como centro de un sistema.
Donde hay injusticia hay RESISTENCIA y las resistencias son germen de avance en derechos, aunque las personas que siembran y resisten paguen un fuerte precio en sus vidas, en favor de la mayoría.
La obra analiza los mecanismos de resistencia, agencia y emancipación económica de las mujeres esclavizadas en el Panamá colonial. A través del dominio del bordado, la costura, la confección de prendas y la artesanía textil, muchas de estas mujeres lograron generar sus propios ingresos.
Con el dinero obtenido algunas mujeres compraron su propia libertad (manumisión) y, en muchos casos, la de sus hijos, hijas y familiares. El libro aborda también la historia cimarrona de Panamá, que se teje con la del resto de países de Latinoamérica.
El tema central es la agencia de la mujer afrodescendiente, así como la revisión de la historia del país poniendo foco en la microsociología y la vida de las mujeres. Pretelt examina los expedientes notariales y judiciales de la época para reconstruir estas vidas, demostrando que la aguja y el hilo no eran meras labores domésticas pasivas, sino herramientas estratégicas de emancipación social y económica. La doble moral existente es otro tema importante; la realidad y los mandatos sociales, siempre reñidos con la felicidad. Por otra parte, la importancia de estas mujeres en una prenda esencial para Panamá, la pollera, en el centro de las redes de solidaridad y la transmisión intergeneracional de conocimientos textiles entre mujeres para asegurar la libertad comunitaria.
Pretelt descentraliza la narrativa histórica tradicional para poner el foco en la microhistoria cotidiana: El bordado como espacio de emancipación, labor impuesta o asociada a la servidumbre se convirtió en un motor de independencia financiera.
La historia “oficial”, la que se divulga, estudia y festeja, es cuestionada con este libro, como siempre que se da voz a los grupos más discriminados y oprimidos. En este caso se trata de doble discriminación y situación de vulnerabilidad: por mujeres y por negras. La historia debe seguir en revisión desde el feminismo descolonial.
Los estudios de género y clase deben continuar las reflexiones sobre la interseccionalidad en la colonia, mostrando cómo el género, la raza y la condición social condicionaron los vacíos legales que las mujeres supieron aprovechar para alcanzar la manumisión.
