Paul Watzlawick plantea en su libro ¿Es real la realidad? (1976) que no existe una única realidad objetiva y absoluta, sino múltiples versiones de ella construidas por la mente y la comunicación humana. La realidad que experimentamos no es un reflejo objetivo del mundo, sino una construcción influida por la comunicación, las creencias, el contexto cultural y la interpretación personal.

Leí este libro cuando estudiaba en Lisboa, entre 2000 y 2001, periodo en el que vivimos el atentado contra las Torres Gemelas y las narrativas generadas en torno a este suceso. Las torres estaban a punto de caer y ya comenzaba a construirse el relato que impulsaría algunas de las decisiones trascendentales que han marcado nuestro tiempo.
Es una obra de finales del siglo XX, pero analiza el propósito de la desinformación como mecanismo para inducir conclusiones erróneas mediante la presentación de una realidad falsa. Anticipa lo que, en el siglo XXI, explotará con las nuevas posibilidades tecnológicas y con una tergiversación o redefinición de conceptos como «política», «democracia», «periodismo», «derecho a la información» o «libertad de expresión».
Algunos de los temas que aborda el libro son:
- La confusión: cómo los errores de comunicación generan percepciones erróneas de la realidad.
- La desinformación: cómo los mensajes manipulados o incompletos crean mundos ficticios que las personas terminan considerando reales.
- La comunicación: cómo el lenguaje moldea nuestra percepción del mundo y nuestras relaciones. La comunicación crea realidades; a través de ella puntuamos las secuencias de los hechos y generamos acuerdos (o desacuerdos) que terminan moldeando aquello que cada grupo o persona experimenta como «real».
- Las profecías autocumplidas: recoge ejemplos en los que una creencia inicialmente falsa termina produciendo los hechos que la confirman. Actuamos basándonos en nuestra versión de la realidad hasta que acabamos haciendo que se vuelva «real» en la práctica.
Para Watzlawick, muchos conflictos humanos surgen cuando confundimos ambas realidades y tratamos nuestras interpretaciones subjetivas como si fueran hechos objetivos. Aborda cuestiones como:
- operaciones de desinformación militar;
- engaños de inteligencia;
- rumores;
- propaganda;
- mensajes manipulados que generan comportamientos reales.
También trata la desinformación experimental, explicando cómo las personas generan explicaciones y patrones a partir de información incompleta o engañosa, incluso cuando los hechos no justifican tales conclusiones.
Ejemplos que menciona en su libro
Watzlawick menciona diversos ejemplos de desinformación e inteligencia en los que el interés no reside tanto en la mentira en sí misma como en el proceso mediante el cual una información termina convirtiéndose en una realidad operativa para quien la recibe.
- Operación Mincemeat: los británicos hicieron que los alemanes encontraran el cadáver de un supuesto oficial que portaba documentación falsa según la cual la invasión aliada tendría lugar en Grecia y Cerdeña, cuando el objetivo real era Sicilia. Alemania aceptó esa versión como verdadera y tomó decisiones militares basadas en ella.
- Operación Neptuno: se hundieron deliberadamente varias cajas en el lago Negro, en Bohemia, para hacer creer que se habían encontrado archivos secretos de la Alemania nazi ocultos desde la Segunda Guerra Mundial. La operación buscaba movilizar a la opinión pública europea contra la prescripción de los crímenes de guerra nazis en Alemania Occidental.
- La construcción social del valor del oro: las propiedades físicas del oro son objetivas, mientras que su valor económico y simbólico constituye una construcción social.
La lección de Watzlawick es que no importa únicamente si algo es verdadero o falso; importa también que los actores lo consideren real y actúen en consecuencia. Gran parte de lo que consideramos «realidad» es el resultado de procesos de comunicación, interpretación y construcción colectiva. Por ello, conviene distinguir siempre entre los hechos verificables y los relatos que construimos sobre ellos.
Watzlawick anticipó varias décadas antes fenómenos actuales como las cámaras de eco, las granjas de bots, la propaganda digital y las fake news. Su tesis era que las personas no reaccionan directamente a los hechos, sino a la realidad que construyen a partir de ellos y de su comunicación.

