Feliz día colegas cooperantes.
Podemos decirnos #resistentes en un contexto en el que nuestra profesión sufre una profunda crisis, y no me refiero solamente a la desfinanciación de la cooperación internacional, sino a la pérdida de valores y vaciado de conceptos. Paz, guerra, diplomacia, democracia, cooperación, no tienen ni el peso ni significado que cuando yo comencé en esta profesión que amo, por allá en 2005.
Nuestra profesión sufre por la desautorización del conocimiento especializado. Es obvio que no somos los únicos afectados por esto. El conocimiento (sea académico o empírico) pierde valor cuando las narrativas pesan más que los hechos. El márquetin toma el espacio que debe tener la educación para el desarrollo y la ciudadanía global.
Cierto es que en algunos ámbitos de nuestra profesión se ha perdido el Norte y Sur, con unos salarios desproporcionados y un manejo del poder preocupante, propio del capitalismo. El capitalismo lleva a pensar que lo que cobras es lo que vales, generando distorsiones en una profesión que debe poner la crítica y reflexión en todo lo que hace. Si al inicio de tu carrera laboral ganas más que el presidente(a) del país para el que trabajas, tal vez pienses que vales o sabes más que la población del mismo. Esto no es lo habitual en la cooperación española.
Por otro lado, otra parte del sector no cuenta con condiciones laborales adecuadas para trabajar en seguridad y para poder tener un proyecto laboral de vida (al menos si decide tener hijos/as); en la cooperación española se ven situaciones preocupantes a este respecto.
La burocracia se come el tiempo del seguimiento, lectura y reflexión, estando hoy día muy lejos de la transparencia. La carga de procedimientos en el terreno se come el tiempo de lo importante. Deberían ser las sedes las que concentren esa carga y desde terreno garantizar la calidad técnica y la sistematización de experiencia. Además, se pone a las entidades socias en una vulnerabilidad innecesaria. Hay muchas formas más inteligentes de verificar el cumplimiento; vivimos en ocasiones en El Proceso de Kafka.
La folclorización y banalización nos toca también en la profesión. Los chalecos en hoteles, reuniones y viajes sin un objetivo ni impacto, desacreditan el sistema y profesión. Una misión o reunión que no da lugar a nada, no tenía sentido. Es gasto, no inversión. El “para qué” es fundamental; la seriedad y confiabilidad en los diálogos, crucial.
La #solidaridadinternacional debe ponerse nuevamente en el centro, pero con contenido sólido y claro. Las personas cooperantes debemos ser activistas por los derechos humanos y el diálogo para la búsqueda de soluciones a los conflictos.
La cooperación española podría aprovechar el momento actual y apostar por su sociedad civil, las ONG españolas, que dialogan y trabajan con la sociedad civil de otros países, y trabajar la educación y comunicación para la ciudadanía global intensamente.
Cooperantes, os abrazo en nuestro día. Un día en el que, más que nunca, debemos apostar por los valores que a la mayoría nos han llevado a trabajar por la solidaridad internacional.
#CooperarEslaSolución

