El poder en la cooperación. El daño de no abordar este asunto

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Varios autores y autoras han abordado el tema del poder; el feminismo y Foucault (que confluye con el feminismo en algunos aspectos) han sido el central para mí.

En el feminismo, el poder “sobre” se relaciona al patriarcado y se conceptualizan otras formas de ejercer el poder, desde el “poder para”, “poder con” y “poder desde dentro”. Todos y todas manejamos algún poder y el poder nunca es el problema, sino el uso y sentido que se le da al mismo.

En la cooperación internacional para el desarrollo y la acción humanitaria, las personas cooperantes y el personal local que trabaja en las agencias y ONG internacionales manejan mucho poder. Si bien depende la forma y la cantidad de la posición que ocupamos, está ahí.

En algunas agencias, por ejemplo las del sistema de Naciones Unidas, este poder va acompañado por salarios más altos de la media en los países, incluidos los del norte global. Esto se acentúa más en los salarios de expatriación. Un salario alto no es en sí un problema, pero sí si no hay una reflexión o comprensión del mismo. Es decir, si las personas realmente creen que este salario está acorde con su valía, y no con una serie de circunstancias, incluyendo las diferencias de clase social. En otras palabras: que no ganas más que el presidente de tu país porque eres mejor.

El manejo de poder acompañado de alto salario es una de las motivaciones que para algunas personas tiene trabajar para algunas agencias de cooperación. Y esto es un gran problema, ya que la cooperación internacional para el desarrollo y la acción humanitaria requiere de una ética y principios muy determinados por su propia misión, además de requerir de un manejo del poder “con” y “para” exquisitos. Es decir: tiene que estar muy claro en qué vas a destinar el poder que tu posición de aporta, “para qué y con quién” vas a ejercerlo.

En cooperaciones como la española no se da la tentación de pensar que vales acorde a tu salario, dado que no existen los salarios altos. Al ser una cooperación con actores muy diversos, con una alta participación de ONG (representación de la sociedad civil organizada), las personas suelen entrar en el sistema por una o varias militancias. En mi caso, el feminismo y el internacionalismo, por ejemplo.

En cooperación, cualquier análisis que obvie clase social, género y procedencia/etnia, no sirve. Trabajamos en sociedades muy desiguales, por lo que obviar la clase social, incluso en la conformación de nuestros equipos, es un problema. Vinculado a esto: si no abordamos frontalmente el manejo del poder, podemos acometer acción con daño. Justo de esta reflexión nacieron los estudios de género en desarrollo.

Reflexiono sobre este asunto desde que empecé en cooperación, chocada por algunas actitudes. Recientemente constaté con mucha pena la transformación de una excelente profesional por “las mieles del poder”. No son la mayoría; en la cooperación española son la excepción, y sus profesionales son su mayor valor.

Cooperar es la solución, pero con reflexión.


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